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sábado, 30 de diciembre de 2017

FOTO OCULTA DE UNA REALIDAD

He comentado, en más de una ocasión, que nuestros políticos deberían darse una vuelta por las oficinas del SEF también conocidas como "oficinas del paro" para tomar conciencia real de la situación en nuestra Comunidad que difiere, bien poco, de lo que ocurre en el resto del Estado. Una cruda realidad que está ahí mismo delante de nuestros ojos pero que pocos quieren ver y  muchos pretenden ocultar. Cifras frías y sin alma. Frases triunfalistas cuando la ocasión lo requiere y sobre todo intentos de tapar algo que la vida diaria nos muestra con el descarnado bisturí que nos disecciona sin anestesia previa. La realidad es mucho mas dura que la que los políticos nos pintan. No se parece en nada. 





 Acompañé, el otro día, a un amigo a una de estas oficinas y de nuevo me encontré ante la cruda realidad de la sociedad. Esa que por desgracia no sale en los medios de comunicación tan habitualmente como debiera. La que se oculta a los ojos de una sociedad que no quiere mirar para ese lado para no encontrarse con las miserias que tenemos en nuestra propia casa. Las mentiras ocultas tras las frases grandilocuentes, los discursos vacíos, las promesas electorales o triunfalistas y lo que es peor, la que niegan siempre desde el poder no queriendo ver lo que en realidad pasa a nuestro alrededor.



A media mañana, un día de navidad, decenas de personas aguardaban su turno para ser atendidos en una de las mesas de estos sufridos funcionarios que, a día de hoy, hacen el papel de consejeros, confesores, psicólogos, directores espirituales o incluso "padres".
 Llama la atención, nada mas ver ese panorama que, la mayoría, ya ha cumplido los cincuenta años. La gran grieta del sistema. La falla en continuo movimiento que sacude sin pudor los cimientos de una sociedad asentada sobre falsos pilares. Todos los que han cumplido los cincuenta y cinco años encuentran las puertas cerradas al futuro. La gente que aguarda turno tiene ya esa edad cumplida. Son rostros pensativos, sombríos, taciturnos. En las manos carpetas o papeles. A solas con sus pensamientos. Nadie habla con nadie a no ser una respuesta escueta a una pregunta educada. Son seres sin vida que se sientan juntos en los sillones de espera pero que apenas miran a su alrededor. Como si sintieran incluso vergüenza por encontrarse en esa situación.





 Miran, callan, agachan la cabeza y esperan ser llamados. Levantan la cabeza, de vez en cuando, para ver qué número y mesa se ha quedado libre y comprobar si es la que les toca a ellos. Cada uno sabe la cruz que soporta. Apenas si cuentan sus miserias porque ¿para qué van a hacerlo? Seguro que el vecino de asiento lo está pasando igual o peor que ellos. Esto en nada se parece a la espera en el Centro de Salud donde todo el mundo tiene tendencia a contar "sus males" y entablar conversación. Aquí no. En este sombrío lugar se guarda el más hermético de los silencios. Y, aunque esto es así todos los días del año, me duele mucho mas porque estamos en navidad. Soy vulnerable, lo reconozco, y en estas fechas tengo mis sentimientos a flor de piel. Les miro y me pregunto ¿como lo estarán pasando estos días? ¿Tendrán para comer? ¿Adornaran sus hogares? ¿Regalaran a sus hijos? ¿Que excusa les pondrán a los mas pequeños cuando llegue la noche mágica de Reyes? ¿Irán a Cáritas a recoger alimentos y juguetes? 






Esa España que pintan unos y otros de "color de rosa" es una mentira más de las muchas que continuamente nos regalan.  El optimismo ante el futuro o incluso los miles de empleos que van a crear y que ponen sobre la mesa. O la manida reforma laboral de la que todos hablan pero que nadie hace. Todo es falso.
 La única y gran verdad está en una oficina del SEF cualquier día del año. Ahí es donde tenían que ir los políticos para tomar conciencia de lo que realmente está sucediendo en este país. Es muy fácil. muy sencillo, muy cómodo hablar de soluciones y prometer miles de puestos de trabajo cuando se está de espaldas a la realidad. Cuando esos miles de personas quedan ocultos tras el telón de sus propias miserias y nadie es capaz de penetrar en ese escenario para observar lo que hay detrás.  Y lo peor de todo es que son personas mayores de 55 años a las que, de raíz, les han cortado sus esperanzas. La sociedad que hemos construido entre todos los considera viejos y los rechaza.
Y mientras siguen sonando villancicos. Se iluminan nuestras ciudades. Montamos arboles gigantescos con mil de luces de colores y nos decimos, unos a otros, "Feliz Navidad" ...... 

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