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martes, 22 de octubre de 2013

EL ANGEL DE LOS POBRES


Conocí al “cura Pepe”, José Tornel Martínez, en 1976 (ya ha llovido desde entonces) Un año antes tuve la desgracia de perder a mi joven padre y con él perdí mi vida, mis sueños, mis ilusiones y mi futuro. Apareció entonces en mi vida, para mitigar el dolor, una persona maravillosa a la que nunca olvidaré y a la que quiero con toda mi alma: Manuel Matos SJ. Sacerdote Jesuita que ocupó, y era dificilísimo, el hueco que la prematura muerte de mi padre había dejado en el escenario de mi existencia. Manolo Matos fue mi tabla de salvación en aquellos momentos en los que andaba perdido y me mostró el verdadero rostro del “Dios del Amor”. Jamás pagaré nunca lo que este hombre ha significado en mi vida. Los kilómetros y sus cargos, altos cargos, desempeñados en el interno de la Compañía de Jesús nos separaron pero cuando el corazón se une por el amor jamás se puede romper ese lazo que se fortalece día a día.




He hecho esta introducción para seguir con mi relato ya que, Manolo Matos, me llevó de su mano al Secretariado Diocesano de Catequesis del que era Director y mi vida dio un giro radical y determinante. Allí entré en contacto con sacerdotes de la talla de Gaspar (en el Polígono de la Paz) o de Manuel (en Puente Tocinos) Conocí personalmente a Paco Cuervo e incluso, en un rápido viaje, a Xirinach que por aquellos días llevaba “locos” a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado realizando sentadas a las puertas de las cárceles españolas pidiendo la amnistía para los presos políticos que, el franquismo, había encerrado entre rejas. Días convulsos en la moderna historia de España con una derecha que, muerto el General, se negaba a aceptar la realidad de los nuevos aires y de una “naciente” democracia que  intentaba crecer con la amenaza de las pistolas y los atentados de los grupos extremistas.




Aparecieron, aunque ya existían en la clandestinidad, los llamados “curas obreros” que eran “mirados por encima del hombro” por el rancio catolicismo que había introducido a Franco bajo palio en las iglesias. Pero eran saludados y seguidos por los que verdaderamente teníamos en el Evangelio, y la doctrina de Jesús de Nazaret, el espejo donde mirarnos a diario. Jóvenes y menos jóvenes que, con inquietudes y fe, queríamos cambiar aquel mundo rancio con olor a naftalina que mantenía, incluso en el seno de la Iglesia, las diferencias entre las clases sociales.
Y con ese panorama, un feliz día, conocí a José Tornel Martínez. Era joven, bien parecido, con barba y pelo negro rizado. Sus ojos transmitían confianza. Sus abrazos, siempre te abrazaba, daban “calor” y su cercanía tranquilidad. Supimos que era del “Barrio de las Ranas” (El Progreso) Que estuvo vinculado a los movimientos obreros de Santiago el Mayor, que había estado de cura en Calasparra y que “era albañil”. Que no cobraba su sueldo de sacerdote parroquial y que vivía del trabajo en el andamio.


  Recuerdo que, en aquellos días Pepe, visitaba el Secretariado Diocesano buscando libros de Helder Cámara (el llamado Obispo de las Favelas y también Obispo de los pobres en Brasil) Leía así mismo libros de Teilhard de Chardin (Pierre Teilhard de Chardin S.J. fue un religioso, paleontólogo y filósofo francés que aportó una muy personal y original visión de la evolución humana) y todo cuanto caía en sus manos de la que, ya entonces, llamaban “Teología de la liberación” Su sed de conocimiento era insaciable y su compromiso con la Iglesia de los pobres más que patente. Incluso me contaba, entre risas, que tuvo más de un problema con “los grises” que, pese a estar ya en democracia, marcaban muy de cerca a estos curas a los que, peyorativamente, llamaban “rojos”.


Que a nadie extrañe, por otro lado, pues el propio Cardenal Enrique y Tarancón estaba amenazado de muerte por la extrema derecha e incluso era insultado en las grandes ceremonias de Estado. Un caos. Aquellos tiempos fueron un caos. Y para la Iglesia mucho mas.
Pero “el cura Pepe”, como ya comenzaban a llamarle, nadaba como nadie en aquellas aguas turbulentas. El siempre al lado de los pobres, de los oprimidos, los perseguidos, los que estaban sedientos de Justicia Social. Era un fiel seguidor del Evangelio del “Nazareno” y a su doctrina se entregó en cuerpo y alma hasta el último día.



Se nos ha ido para siempre tras una dura y penosa enfermedad que, a lo mejor, no merecía pero que supo llevar con alegría y optimismo dando ánimos a los que pretendíamos dárselos a él.  Pero no tengo ninguna duda, ninguna, porque tengo fe y creo en ese Dios del Amor que, el cura Pepe, José Tornel Martínez, tiene desde ahora unas preciosas alas para surcar los cielos y ser, porque así se lo habrán encargado, el Ángel de la guarda de los que nada tienen. Los pobres y los oprimidos.
Cura amigo, siempre estarás en mi corazón por mucho tiempo que pase. Un fuerte abrazo de esos de “oso” que me dabas siempre que me veías. 

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