EL ÚLTIMO BANDO SARDINERO ANTES DE LA RIADA DE SANTA TERESA 


El 26 de febrero de 1879 asiste Murcia, sin saberlo, al que sería el último “Bando de la Sardina” también conocido como “Testamento”. Nadie podía pensar, en aquel momento festivo, la desolación y la ruina que esperaban a los murcianos a la vuelta de página del calendario. 

Fue en octubre de ese mismo año, como venimos refiriendo en otras notas que ya hemos publicado, cuando la ciudad quedó arrasada bajo las aguas en la tristemente célebre “Riada de Santa Teresa” y eso significó la pérdida del festejo que no volvió a las calles hasta pasados veinte años. Los muertos superaron el millar y la ciudad y la huerta quedaron arrasadas por la riada y arruinadas. No estaba la ciudad para fiestas ni había dinero para organizarlas. 

Aquella primera etapa del Testamento de la Sardina, el texto, se encargaba siempre a periodistas y escritores de la ciudad que mostraban en su composición el ingenio que les caracterizaba. En este caso concreto el ultimo Testamento antes de la desaparición del festejo, la composición, se le encargó al poeta Ricardo Sánchez Madrigal que, con apenas 34 años, pero en plenitud creadora nos dejó estos versos, publicados en el Diario La Paz de Murcia, y que nos sirven para analizar la sociedad murciana de la época y sobre todo sus carencias de las que, amargamente, se quejaba “la Sardina” en su Testamento. Quejas sobre las carencias y deficiencias de Murcia en aquellos años del siglo XIX.... 


“No le dejo a nadie ¡nada! Porque

¿En qué empleo los caudales

Que para urgente mejoras

Propias de las capitales

Le vienen dando a raudales

Mis dignas antecesoras? 


Dejo un Teatro, suerte fiera,

Distorsionado y caído

Que al Municipio aburrido

Se le ha puesto por montera.


Dejo un gas que dudo a fe

Que mejor otro se invente

Tan claro y tan transparente

Que casi no se ve.


Dejo enfermo el Reguerón

De un mal que contar no quiero

Médicos tiene y dinero.


Dejo con ganancias ciertas

Unos benditos consumos

Que a los ricos de más humos

Los van a dejar por puertas.


Dejo, cosa singular,

Que es verlo casi un momio

A Murcia sin manicomio

Llena de locos de atar,

Las calles sin empedrar

La Justicia sin Palacio

Y la tropa sin cuartel 

Bendita suerte de aquel


Estos “Bandos de la Sardina” se anunciaban por las calles, en enclaves ya elegidos previamente, y se colocaban impresos en los lugares mas céntricos. Cuando salían los heraldos a publicar el bando iban acompañados de un gran séquito de personajes mitológicos representando a los dioses y diosas del olimpo, ninfas, centauros, musas etc .... 

En la imagen el grabado de un “heraldo murciano” que se hizo célebre precisamente a raíz de la riada de Santa Teresa al ser dibujado y publicado dicho grabado en el numero extraordinario “Paris-Murcie” que se editó en Francia para ayuda de los damnificados murcianos.

Heraldos, como este, bien pudieran haber sido los que “proclamaban el Bando de la Sardina” por nuestras calles.





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