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miércoles, 14 de mayo de 2014

A LO MEJOR......

...La selva estaba llena detrás de ellos
de negros canes, corriendo y ladrando
cual lebreles soltados de traílla.

El diente echaron al que estaba oculto
y lo despedazaron trozo a trozo:
luego llevaron los miembros dolientes

(La Divina Comedia-El infierno 1304-1308)


Acompaño a Dante, Beatriz y Virgilio en su siniestro viaje hacia el mundo de los infiernos en esa obra preciosa, cumbre de la literatura universal, que es La Divina Comedia escrita por el florentino entre 1304 y 1321. Fue precisamente en el inframundo por donde comienza su obra el escritor para pasar después al Purgatorio mundo  de extensas gradas y llanuras para alcanzar El Paraíso donde Beatriz, su gran amor terrenal y nunca conseguido, le mostrará la Gloria. Mas para alcanzar esta, los viajeros, recorrerán todos los estados del dolor y caerán por los anillos concentricos del cono invertido del Infierno. El Dante, nos describe que había una especie de palacio en el cual se hallaban los que traicionaban a sus bienhechores y a las personas buenas. En ese ultimo peldaño, o vértice, del cono invertido se encontraba el trono de Lucifer.  



Perdido entre los tercetos que componen este monumento de la literatura universal, por cierto que fue Boccaccio quien la llamó "Divina" y no Dante en su composición primitiva, la obra tiene plena vigencia a día de hoy cuando, los hombres, nos empeñamos en condenar al inframundo a aquellos que en justicia no lo merecen. Una serie de gradas o círculos concentricos van haciendo que "el viajero" descienda por ellos hasta llegar a la presencia del mismísimo Lucifer que es quien castiga por los siglos a muchos justos que, de manera injusta, se encuentran en su presencia. 


Y es que, A LO MEJOR, el viajero tiene que caer en el inframundo para comprender mejor la realidad que le rodea y las amarguras de tantos inocentes que han ido a presencia de Lucifer sin tener causa justificada para ello. Un Lucifer despiadado, inmisericorde, que no atiende a razones y que condena al olvido a los que un día fueron almas buenas que se ganaban "el pan con el sudor de su frente" y hoy, los hombres les han condenado al olvido. A ser un frío número como los tercetos de Dante que conducen al lector a presencia del maligno. 

A LO MEJOR hay que estar mucha horas en la cola del INEM para ver los rostros de los que no tienen  voz y ni siquiera esperanza les queda para afrontar un futuro negro e incierto. Esos hombres y mujeres que, sumados todos, somos cerca de seis millones de personas de un país llamado España a los que a nadie importamos y que, encima, unos y otros nos utilizan como arma arrojadiza a sus intereses partidistas. 

A LO MEJOR hay que hablar con una mujer que pide/solicita la prorroga de su ayuda de cuatrocientos euros para poder dar algo de comer a sus nietos, tres, que junto a su hija y yerno están todos viviendo al cobijo de la abuela en apenas dos habitaciones... y cuando nada puede llevar a la casa, el cura, les proporciona algo de alimento.

A LO MEJOR hay que hablar con gentes de allende las fronteras que, un mal día, llegaron a esta tierra como si fuera el Dorado y, como aquellos soñadores, se perdieron en las cenagosas aguas del egoísmo de patronos sin corazón que les convirtieron en esclavos sin derecho a nada. Hoy, en ese particular Infierno intentan encontrar "un alma buena" que les arregle "papeles" para poder siquiera subsistir en esta sociedad egoísta y cruel. 



A LO MEJOR tienes que dejarle tu móvil a un marroquí que, desesperado, te pide entre lágrimas que debe llamar a un amigo que tiene unos papeles que necesita y él no tiene ni cinco euros para recargar su saldo negativo. Nadie le hace caso pues hasta las almas condenadas se vuelven egoístas y poco solidarias. Pero tu se lo dejas, habla unos segundos, y al devolverte el teléfono lo hace cogiéndote de los hombros y regalándote un abrazo que pocas veces te han dado. Al fin y al cabo somos iguales y el capricho de los hombres nos ha conducido a los dos al mismo Infierno.

A LO MEJOR, mientras aguardas tu turno en la cola de los que ni dignidad les queda estas escuchando la radio, te ayuda en la tensa espera, y oyes a los "representantes del pueblo" utilizarte como arma arrojadiza y argumento de demagogias que, de seguir oyéndolos, te hubieran hecho vomitar de puro asco. Al final, después de haber dado tu vida por el trabajo, eres un número frío que forma parte de una negra estadística que unos y otros se arrojan a la cara jugando impunemente con la ilusión de los que nada tienen.


A LO MEJOR, quien sabe, en ese Infierno te cuentan que hubo una vez que, ese hombre, tuvo un hogar, una mujer, unos hijos y que lo perdió todo porque al echarlo a la calle le embargaron la casa y todavía debe pagar millones de intereses ya que los "bancos" son como, el barquero Caronte, que te conducen al reino de las tinieblas sin importarles la carga. Y el hombre, sin conocerte, confiesa su dolor durante el tiempo de la espera y reconoce que la desesperación le obligó a hacer "muchas tonterías con su vida, y que perdió para siempre a su mujer y sus hijos. El Infierno.



Si. He bajado al Infierno recorriendo todos los círculos concentricos del cono invertido que El Dante escribió en la Edad Media y que hoy, por desgracia, siguen teniendo vigencia. El inmortal escritor florentino puso nombre y apellidos a todos cuantos se encontró allí en presencia de Lucifer en ese viaje que emprendió con su adorada Beatriz y su maestro Virgilio. Hoy no hace falta alguna ponerles nombres pues corta quedaría la extensión primigenia del poema. Sería tan larga la lista de aquellos que conducen al hombre a la desolación y al olvido que se necesitaría talar un bosque entero para fabricar kilómetros de papel donde poder apuntar tanto desalmado.

Espero que, algún día, tal como le sucedió al poeta italiano, la Fe encarnada en Beatriz, nos lleve hacia el Paraíso donde los justos encuentran siempre el premio de un Dios que es Amor. Pero mientras ese tiempo llega, de momento, seguimos condenadas las almas que, todavía hoy, pensamos que Caronte erró al subirnos a su barca.


.....Y aquella sucia imagen del engaño
se acercó, y sacó el busto y la cabeza,
mas a la orilla no trajo la cola.

Su cara era la cara de un buen hombre,
tan benigno tenía lo de afuera,
y de serpiente todo lo restante.

(La Divina Comedia-El Infierno 1304-1308)

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