Google+ Badge

miércoles, 28 de mayo de 2014

UN DIA CUALQUIERA

Ni en la mas remota de las pesadillas podía yo siquiera imaginar que un día me vería incluido en esa larga lista de españoles que se han quedado sin empleo de la noche a la mañana. Pero las cosas, las empresas, son así y así tenemos que tomarlas aunque no nos guste en absoluto. Esto es, como decía mi abuela, un plato de lentejas: "Si las quieres las tomas y si no las dejas". En este caso concreto me han obligado a comerme un plato, una fuente, de lentejas ademas de aquellas de la época del hambre, cuando la posguerra, ya que en lugar de las celebres legumbres, el plato, está lleno de piedras y gusanos.
Pero, por supuesto, no es de mi caso del que yo quería hablar pues ya habrá tiempo de hacerlo. Y lo haré con pelos y señales. 

Si quiero comentar, aquí y ahora, el panorama desolador que supone tener que ir a una oficina de "empleo" donde te das cuenta realmente de como está la situación y la pobreza de la que nos hablan las estadísticas.

 
Ir a una oficina de empleo significa darte de bruces con la cruda y dura realidad de este país. No tienes que hacer absolutamente nada. Simplemente observar y callar. Anotar en tu mente todo cuanto se desarrolla a tu alrededor. Después, con calma, analizas y te das cuenta que la situación es mucho mas grave que lo que nos quieren ofrecer. Y eso únicamente tomando como muestra una oficina al azar, en este caso la que me ha tocado a mí para hacer mis trámites, pero que por desgracia se repiten, las imágenes, en las miles que hay repartidas por todo el territorio nacional. 

En esas largas horas de espera, interminables, se establece como un nudo de solidaridad entre todos los que estamos allí y al final unos y otros terminan contando sus casos particulares como si al hacerlo encontraran solución a sus problemas. Es una confesión comunitaria de personas sin esperanza, sin futuro, con graves problemas personales que con ese ejercicio, que nadie les ha recomendado hacer, encuentran quizá la terapia apropiada para consolarse mutuamente y darse cuenta, en el peor de los casos, que lo que el otro les cuenta es todavía mas grave que la situación que ellos están atravesando.


Te das cuenta que hay familias enteras que apenas pueden subsistir con la exigua ayuda de cuatrocientos euros que, el Estado, les concede a los parados de larga duración.  Te enteras que, este o aquel, tiene que recurrir a la parroquia (bendita Cáritas) todas las semanas para que les den lo mas básico: un par de bolsas de legumbres, algún paquete de galletas y un par de cartones de leche. Por lo menos los niños toman su vasico de leche por las mañanas, te dicen. 
Otros viven gracias a la pensión del padre o la madre ya que han vuelto al hogar de su infancia y juventud para que sus progenitores les ayuden. A alguno, incluso, le ha costado perder su casa, su coche, sus "cuatro cosas" y ahora se encuentran a merced de un amigo que les ha dejado guarecerse en algún lugar concreto. Dramas y mas dramas que se manifiestan en esas largas colas que se forman a la espera de hacer el trámite oportuno para cualquier cosa que necesites. 


Son personas sin identidad, sin rostro, con pasado pero sin futuro. Seres que acuden día si y día también pues siempre les puede faltar algo para terminar su expediente. Que esperan ansiosos que llegue el día 10 de cada mes que es cuando "Papá Estado" nos pone sí, nos pone, la paga en la cuenta donde has domiciliado esa ayuda. Gentes que no tienen mañana. Personas que no tienen esperanza alguna y que lo han perdido todo en pos de unos sueños convertidos en pesadillas.
Seres humanos incapaces de dar de comer a sus hijos carne o pescado. Me decía hoy un hombre de unos 40 años mas o menos: "Antes que ver pasar hambre a mis hijos, tengo cuatro, salgo a la calle con una pistola y un perdío al río. A mi me da lo mismo, en la cárcel, no pasas calor ni frío y encima te dan de comer, pero mis hijos no pasan hambre porque a mi no me sale de los cojones"
Y así uno y otro y otro mas.... un rosario interminable de lamentos y de casos particulares que te ponen los pelos de punta pero que sirven para darte cuenta, realmente, de la realidad que vive España aunque alguno quiera enmascararlo y decirnos lo contrario.


Luego están esos otros, rostros de dolor y amargura, rostros escondidos tras una máscara inalterable que no exteriorizan nada y que con los ojos fijos en un horizonte inexistente aguardan callados y silenciosos a que les llegue el turno. Incluso se acercan con temor y respeto a la mesa que les ha correspondido con ese "miedo" a lo desconocido y ese ansia de ser atendido en su demanda. 

Por cierto tengo que romper una lanza en favor de todos esos funcionarios que, día a día, tienen que lidiar con esta cruda y muda realidad y que lo hacen con una profesionalidad digna de elogio y ponen una sonrisa frente al gesto de dolor e impotencia. He tratado con varios estos días, chicas y señoras, que me han tratado con educación, con amabilidad, con prontitud.  Incluso diría con una ternura extraordinaria. Pero no solo a mi, repito, lo he visto hacer con muchísima gente que acude a ellos, como yo, en busca de soluciones a nuestros problemas.
Vaya desde aquí mi respeto, mi consideración y mi apoyo pues no debe ser fácil, nada fácil, intentar ponerle una sonrisa a la cara del dolor.

Rostros anónimos pero que esconden tras ellos una dura realidad de la que pocos saben. Personas que sin esperanza alguna van allí en busca de una solución que nunca llega. Son las colas de la desesperación, del miedo, del desencanto. Del dolor y el llanto. De los que nada tienen y todo lo han perdido sacrificados en el altar del egoísmo y del culto al dios del dinero. Esa y no otra es la realidad.


Nadie sabe, si no lo vive, lo que son esas colas del "paro". Nadie conoce, si no los oye lo que es la realidad hoy de una España donde al escuchar a los políticos, a algunos políticos, parece que vives en el cuento de "Alicia en el país de las maravillas" ¿Como pueden alegrarse si baja el paro en dos mil personas? ¿Como pueden decir impunemente que se está creando empleo? Son cosas que ahora, dada mi situación al otro lado de la barrera, me indignan y me revelan. No es justo. Como tampoco lo es que ahora, los partidos políticos, hayan encontrado en el "paro" su arma arrojadiza o el motivo de sus próximas acciones. Mentira.  Nos engañan y nos utilizan como argumento de una nefasta política que han llevado a cabo.
No se puede servir a dos señores a la vez, lo encontramos en el Evangelio en palabras de Jesús de Nazaret, y nuestros políticos rinden culto al dios del dinero sin importarles el ser humano. Es la cruda y dura realidad de una España desnaturalizada.


Propongo humildemente, desde este comentario, que al año que viene cuando estemos de nuevo ante una nueva campaña electoral, la de los comicios Autonómicos y Municipales, los señores políticos de PP, PSOE, IU, UPyD, PODEMOS, CIUDADANOS... se vayan al menos un día, no a pedir votos a las largas colas del "paro", no a eso no por favor, pero si a tomar nota como un desempleado mas de la dura y cruda realidad de una España (una Región de Murcia) sumida en la pobreza donde uno de cada cuatro pasan hambre y verdaderas necesidades.

Vayan, por favor, hagan cola y escuchen. Tomen buena nota de lo que allí se vive y seguro que, cuando pidan el voto a los ciudadanos, dejaran a un lado la demagogia y hablaran con conocimiento de causa. Es muy bonito lo que habla el sano con el enfermo y los consejos que este le da siempre.
Pero eso no funciona. Al menos en este caso concreto no sirve para nada.

2 comentarios:

  1. Aprovecho para mi comentario esto último que dices "es muy bonito lo que habla el sano con el enfermo y los consejos que le da siempre" ¡Qué razón tienes! Pero existe una palabra para eso, más que una palabra un pecado, maestro. Es 'arrogancia'. Cuando nos va bien, todos sabemos como mejorar al que está mal. Cuando estamos sanos, miramos al enfermo con condescendencia ¡qué pena que no pueda estar sano! Y cuando la vida nos da un baño de realidad, entonces nos vemos a nosotros mismos en todos los demás. Es bonito pedir eso a los políticos, pero difícil que nos hagan caso. De cualquier manera, yo me apunto.
    Y sobre las colas en la oficina de empleo, es verdad que hablar de tu caso es una terapia. Yo nunca me atreví a hacerlo, veía tanta angustia a mi alrededor que no me sentía con derecho a creerme ellos.

    ResponderEliminar
  2. Cada vez que voy a mi oficina del SEF tardo semanas en recuperarme de la sobredosis de realidad. Yo también me apunto a tu propuesta.

    ResponderEliminar